Cuando nos movemos por Europa, es fácil adivinar que nos vamos a encontrar con una catedral gótica magnífica en cualquier ciudad, y más si ésta es Patrimonio de la Unesco. Pero lo que menos esperas encontrar, sobretodo si la ciudad no tiene mar, es una base de submarinos abandonada¿Cómo te quedas? Nos enteramos leyendo el prospecto de la City Pass y no dudamos en acercarnos, pues somos muy fans de todo lo que rodea las historias de guerra. Así acabamos visitando hospitales militares o incluso el búnker donde se escondió Mussolini.

Un poco de historia

Resulta que durante la IIGM Saint-Nazaire era uno de los mayores puertos franceses en su salida al Atlántico, pese a no tener salida directa a este. En 1940 los alemanes consideraron que sería un buen punto para construir una base de submarinos, pues estos estarían más protegidos de los ataques de los ingleses en su camino al Atlántico, a la vez que se ahorrarían tener que cruzar por el peligroso canal de la Mancha. Durante su construcción entre 1941 y 1943, se recurrió a mano de obra de los refugiados españoles y del Servicio de Trabajo Obligatorio (STO).

La base en construcción en 1942 via Wikipedia

La base en construcción en 1942 via Wikipedia

Esta es una de las cinco bases que hay en la costa atlántica, y que albergaron tanto a italianos como a alemanes, siempre bajo el comando de estos últimos.

Las siete celdas centrales podrían utilizarse como dique seco, en caso que fuera necesario. Cada una está separada por una pared de 5 a 6 metros de espesor y cerrada por contraventanas blindadas para protegerlo de explosiones de bombas. En el otro extremo de la cuenca, un ferrocarril cruza el búnker y sirve a las diversas celdas. Cada celda está equipada con dos grúas con una capacidad de elevación de 3 o 5 toneladas, y cada una de las cuales puede transportar piezas pesadas y municiones.

En el otro lado del ferrocarril, el edificio albergaba varios pisos, talleres, reservas, oficinas y áreas de estar, incluida una enfermería.

Por razones de seguridad, los torpedos y el combustible se almacenaron afuera en pequeños búnkeres a 200 metros al noreste de la base.

En mayo de 1943, los americanos se enteraron que allí había concentrados varios submarinos, por lo que lanzaron un bombardeo sobre la zona.

¿Cómo llegar?

Hay que decir que no es fácil llegar, pues se encuentra un poco alejada del centro. Lo mejor es coger la línea B del tranvía (en un bonito recorrido paralelo al río) hasta la Cité du Vin y luego el autobús 32.

Desde la céntrica plaza de Quinconces también se puede coger el tranvía C y luego andar un rato.

base submarinos Burdeos

La base se encuentra a unos 30 minutos del centro

El interior de la base

  ¿Y vale la pena tanto lío para ver hormigón? SÍ rotundo. Una inmensa mole de hormigón armado se alza inerte ante ti.

La mole de la base submarina

La mole de la base submarina. Se ha colado una Terroneta en la foto

Desde fuera impresiona, pero es que el interior es simplemente espectacular, con 6 de las 11 cavidades abiertas y en plena decadencia. Todavía hay algunos carteles de peligro en alemán. Además, el juego de luces invita a jugar a ser un explorador en busca del tesoro. La emoción se apodera de ti y te imaginas todas las intrigas que seguro tuvieron lugar aquí en tiempos de guerra.

El suelo retumba a cada paso que damos, y el silencio de la immensa nave queda roto por las palomas que anidan en sus descorchadas paredes.

base submarina burdeos

Hormigón a nuestro alrededor

base submarina burdeos

Aquí estaban los submarinos

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La iluminación de la un puntazo al lugar

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En busca del tesoro

Al servicio de la cultura

Lejos de quedar en una simple nave abandonada, la ciudad ha querido recuperar este espacio para el uso de sus ciudadanos, por lo que acoge periódicamente diversas exposiciones, dedicadas a la creación contemporánea.  A nuestra excitación por la visita se sumó que la exposición de ese momento (y que se acababa al día siguiente de nuestra visita) era de fotografía nocturna, concretamente una retrospectiva de los ganadores de los Photo Night Escape Awards. Fotografía nocturna en estado puro, instantáneas de Canadá, Islandia y el Mediterráneo que merecían detenerse en cada una de ellas un buen rato y volver a colocar la mandíbula en su sitio. Lastima que tuvimos que visitarla deprisa porque cerraban a las 19h.

Nos hubiésemos quedado mirando cada una de las fotos un buen rato

Nos hubiésemos quedado mirando cada una de las fotos un buen rato

***ACTUALMENTE SE ENCUENTRA CERRADO EN TRABAJOS DE REHABILITACIÓN, VOLVERÁ A ABRIR EN MARZO 2018***

Sobre El Autor

Infectada del virus viajero sin ganas de curarse. Fotógrafa que prefiere viajar sin equipaje. Sinceridad ante todo, escribo sobre experiencias vividas. ¿Te animas a seguirme en mis viajes?

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