En teoria nos tenía que recoger Mahomoud, nuestro host de Couchsurfing en Doha. Resumiendo, porque más adelante haré una entrada más extensa, se trata de una red social basada en referencias dónde los viajeros ofrecen su casa a otros viajeros, sólo por el hecho de compartir experiencias.

Me pregunta por whatsapp (debería haber una ley que obligara a tener Wifi gratis en los aeropuertos, pues a muchos nos salva la vida, especialmente si tenemos que contactar con alguien) si ya hemos hecho immigracion, y le digo que si, y que también hemos cambiado dinero (20$, nos dan para 68qr). Su amigo no lo ha venido a buscar aún porque está organizando la noche de camping en el desierto y me pide que cojamos un taxi, pero que nos lo paga él. De ninguna manera! Encima que nos acoge y nos invita a una noche en el desierto en 4×4!

Estamos 5minutos rodeados por los taxistas, porque ninguno parece saber dónde está exactamente la dirección que me ha indicado. Al final uno nos dice que adelante,que él nos lleva. Primer chequeo, el taximetro encendido. Llegamos al interior del edificio y le hago la perdida de rigor. Nos baja a buscar a la puerta y subimos a su apartamento. Dos preciosos gatos peludos nos dan la bienvenida (hola alergía!!) y dejamos las cosas en su habitación, a prueba de gatos.
Me dice que está intentando confirmar el plan del camping, básicamente porque nosotros tenemos que estar en el aeropuerto a las 7 para embarcar hacia Kathmandu y eso implica salir muy pronto del desierto, y todo el mundo suele quedarse hasta el amanecer o incluso bien entrada la mañana.

Reconozco que me quedo un poco chafada, pues yo ya tenía en mente el camping en el desierto desde que Mahmoud nos dijo que estábamos más que invitados, pero lo importante es no perder el vuelo. De todas formas nos irá informando si hay novedades. Este tipo de excursiones tienen mucha demanda y vi que las agencias de viajes las organizaban por unos 100€/pax.

Doha en sí es una ciudad nueva, sin demasiado encanto. Por ese motivo recomiendan visitar el Souq Waqif, un zoco restaurado dónde se pueden encontrar animales, artículos a granel y otros útiles de la vida quotidiana qatarí (o más bien expat,porque el 50% de la población es extranjera). Mahmoud nos acompaña y nos sugiere echar un rato entorno a una shisha, algo casí grabado a fuego en la sangre de los egipcios. Rechazamos la propuesta y andamos un rato por el Souq, hablando de trabajo, vida y religión. Aprovechando la última llamada a la oración del día, hablamos sobre el Islam y las costumbres.

Durante el paseo nos cruzamos con muchos hombres vestidos con la túnica completamente blanca y mujeres de negro. Aunque sea algo normal y cultural, no deja de sorprenderme. Hoy es jueves noche, el equivalente a nuestro viernes (en los países islámicos el fin de semana se adelanta un día) y eso se nota en las terrazas llenas de vida.

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Tengo que pensar si estoy en un mercadillo, pues a diferencia de Marruecos, Istanbul o los propios Encants de Barcelona, nadie te presiona para que entres a su tienda ni te saludan a la mínima que detienes tus ojos sobre la mercancía expuesta. En uno de los callejones llegamos a la zona de los animales de compañía, dónde algunos niños se pasean con cernícalos en el brazo.

Mahmoud me explica que la cetrería es muy importante y que las familias qataries crían a sus pájaros, pues son muy caros. Yo había leído que hay un zoco dedicado exclusivamente a este arts, pero no sabe decirme dónde está. Nos lleva a un restaurante egipcio para beber algo, que se acaba convirtiendo en una cena en toda regla (que además no nos deja pagar!): fiándonos de su criterio, pide tres platos típicos que nos sirven con una especie de pan de pita muy tierno y té de menta.

Cogemos un taxi (a 1qr/0,20€ el litro, pues es la formas más barata de desplazarse en la ciudad, dada la ausencia de transporte público) hacia el corniche, el paseo marítimo desde dónde se ve la zona financiera de la ciudad, un skyline plagado de rascacielos que hace solamente 10 años no estaban allí. Es curioso toda la gente que llega allí en coche, compra TÉ take away y aparca en el descampado con vistas. Planazo de noche!!!
También se ve el museo de Arte Islámico, un edificio moderno que se refleja en el agua.

De camino al Falcon Souq, que había visto desde el taxi, recibe la llamada de que hay un coche que se irá del desierto a las 3, por lo que podemos ir! Pasamos por casa a coger una camiseta de abrigo y nos espera un Toyota enorme en el aparcamiento. Dentro van 3cs más. Llegamos al meeting point y cambiamos de coche. Se nos une Cristina, una mallorquina que, como tantos otros expats, vive aquí.
Nos dirigimos hacia Sealine Resort, el lugar de encuentro y dónde se reduce la presión de las ruedas para evitar tener problemas en las dunas. Allí se forma una caravana de unos 10 4×4, a cada cuál más grande y nos adentramos en las dunas sobre las 12. Nuestro conductor nos pregunta si es nuestra primera vez en desierto y noa sube a una de las más altas para que lo vivamos. A medio camino un coche de morro bajo se queda atascado y pese a los esfuerzos no parece querer salir. Nos acercan al punto de la acampada, dónde ya empiezan a arder las hogueras y la gente está montando sus chiringuitos.

Yo no soy de esperar en aeropuertos, pero dado que mi principal miedo es perder el avión por un pinchazo o atasco en las dunas, me pogo un poco nerviosa hasta que no vuelve nuestro conductor, que ha conseguido sacar al encallado. Nos dan bebida (no alcoholica por supuesto) y comida, mientras suena una lista mezcla de pop y música en árabe. Papa incluso juega una partida de ajedrez con uno de los chicos!
Nuestro conductor nos dice que nos iremos a las 3.30, porque entre idas y venidas de rescate aún no ha parado a disfrutar del campamento. Ellos están seguros que vamos bien de tiempo y poco más nos queda que sufrir por dentro. A las 4.30 estamos ya en casa, con todavía una hora por delante para poder dormir antes de que venga a recogernos el taxi que ha pedido Mahomud! Evidentemente caemos immediatamente, aunque coincida con la primera llamada a la oración del día.

En 20 min hemos llegado al aeropuerto sin problemas y pasado seguridad. Por delante tres horas de vuelo hacia la capital de Nepal, que indudablemente aprovecharemos para dormir algo (aunque el vuelo va lleno y es configuración 3-3).


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Sobre El Autor

Infectada del virus viajero sin ganas de curarse. Fotógrafa que prefiere viajar sin equipaje. Sinceridad ante todo, escribo sobre experiencias vividas. ¿Te animas a seguirme en mis viajes?

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