Pregunta para los de Barcelona (o los que van a menudo): ¿cuántas veces has pasado por delante de la Casa Batlló? ¿Y cuántas veces te has sorprendido – o no- por la cantidad de turistas que hacen cola para entrar? Seguro que la historia te suena, ya que raro es el día que no hay gente delante de esta brillante obra de Gaudí.

casa batlló Barcelona

Fotografiando la Casa Batlló

Segunda pregunta, ésta con posibles respuestas (marca las que creas oportunas): ¿Has entrado alguna vez?

-Sí

-No, es muy caro (no olvidemos que somos catalanes y tenemos una fama que mantener) 😚

-No, hay mucha gente siempre

-No, pero ya iré más adelante

En general, la gente que viajamos tenemos una muy mala costumbre: visitarlo todo cuando nos vamos a cualquier lugar y dejar para “más adelante” lo que tenemos a la vuelta de la esquina. Será el postureo, porque no podemos volver de Camboya sin ir a Angkor Wat (y por supuesto perdernos su famoso amanecer) pero en cambio pasamos cada día por delante del segundo monumento más visitado de Barcelona (se dice pronto casi 1 millón de visitantes en 2015) sin ni siquiera prestarle atención, pues tenemos siempre mucha prisa.

Breve historia de la Casa Batlló

La Casa Batlló la construyó remodeló Antoni Gaudí en 1904. ¡Como lo lees, nos han tenido todo este tiempo engañados! La casa original se construyó entre 1875 y 1877, pero en 1900 la compraron los Batlló por 510.000 pesetas de la época y le encargaron a Antoni Gaudí las obras de remodelación. El hombre se lo tomó tan a pecho que poco le faltó para tirarla abajo y empezar de nuevo, de forma que poco queda de la estructura original, y por eso dicen los arquitectos que más que una pequeña remodelación es prácticamente una obra nueva. Dado que Gaudí se encargaba a la vez de la construcción de la Sagrada Família (iniciada en 1882), dejó un pequeño agujero en el tejado a través del cuál se podía ver, en línea recta, el progreso de las obras. ¡Quién le iba a decir al pobre hombre que a día de hoy aún no estaría acabada!

casa batlló Gaudí

Pequeño agujero en la espalda del dragón para ver las obras de la Sagrada Familia

El edificio tiene 8 plantas, siendo la primera la que Josep Batlló se reservó para su uso habitual (por eso recibe el nombre de planta noble), mientras el resto las explotaba en régimen de alquiler o las daba a sus hijos a medida que se iban casando.

Es curioso ver que la burocracia de principios de siglo no dista mucho de la de ahora, pues en 1904 Batlló presentó al Ayuntamiento el primer proyecto, una senzilla remodelación de los bajos, que luego se convirtió en la enorme obra que vemos hoy en día, que fue denunciada por un inspector al carecer de los permisos necesarios. En 1906, una vez finalizadas todas las obras (las legales y las no), Batlló pidió permiso para alquilar los pisos, que no le fué concedido hasta finales de 1912. ¡Vuelva usted mañana…!

Las hijas vendieron la casa en 1954 a Seguros Iberia, que instaló allí sus oficinas. En 1984 se instaló la iluminación de la fachada y en 1993 la adquirieron los actuales propietarios, dueños de la empresa Chupa-Chups, que la restauraron y abrieron al público en 2002, justo en el Año Internacional Gaudí. Tras una rehabilitación del desván y la azotea, es declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 2005.

Alegorías

Antonio Gaudí pasaba largas horas contemplando la naturaleza, debido a su delicado estado de salud, y es por eso que gran parte de sus obras están basadas en la naturaleza, con formas que nos evocan los diferentes elementos. Por eso no es de extrañar que los animales y formas de la naturaleza (tales como champiñones) estén presentes en todo el edificio. ¿Te habías planteado alguna vez que la fachada está llena de murciélagos? Eso sí, mejor que te lo explique el guía o que los busques en el espectacular vídeo del mapping sobre la fachada.

Coronando el edificio está, evidentemente está el dragón dormido en la azotea, representado por las tejas de cerámica de colores que cubren todo el tejado. Aquí encontramos la leyenda de Sant Jordi.

Pero si hay un elemento que está presente en todo el edificio es el agua. Gaudí quiso plasmar su relación con este importante elemento tanto en la estructura de paredes onduladas como en la decoración de los huecos de escalera interior, dónde las baldosas de un llamativo color azul se mezclan con los cristales de cada planta, dando así la sensación de estar bajo el mar. Esta alegoría se hace visible y sonora en el pequeño altillo que hay en la espalda del dragón, dónde antiguamente se encontraba el depósito de agua del edificio y hoy en día hay una pequeña fuente con ruido de agua.

La Casa Batlló vista por un local

Yo soy de las que en la encuesta de arriba ha respondido “no he ido nunca”, pese a vivir toda la vida en la ciudad de Barcelona (¡vergüenzaa!). Pese a ser una enamorada de la obra de Gaudí, mi excusa principal siempre había sido el trinomio tiempo-dinero-gente. Pero al aceptar la invitación de Casa Batlló, todo eso cambió. La propuesta era visitar el edificio entre semana bien pronto o bien en fin de semana en horario normal, para luego poder explicar cómo es la Casa Batlló vista por un local, y cómo se ve en la primera visita. Evidentemente, no había duda: ¡madrugar para evitar al máximo  la gente y poder disfrutar de la esencia del edificio!

Subimos a la primera planta por la escalera principal iluminada por las bóvedas de caparazón de tortuga, la misma por la que subían los invitados del señor Batlló, para que pudieran admirar su patrimonio, ya que esta era la planta dónde habitaba la família y la reservada a eventos sociales. Seguimos hacia el salón principal, con un ventanal a Paseo de Gracia para así hacer gala de su opulencia e importancia, en la parte central del cuál hay una tribuna que sobresale hacia la calle, dando lugar a su característica fachada con huesos. ¿Y el techo? Volvemos a encontrar otra vez el curso del agua, con el remolino rematado con una lámpara. Realmente debes tener cuidado que no se te desencaje la mandíbula con tanto WOW. ¡Reconozco que debe ser un lugar espectacular para cualquier celebración!

Con un poco de pena dejo el salón principal para ir hacia la parte trasera de la casa, dónde se encuentra el patio interior, decorado también con el tradicional trencadís.

Subiendo por la escalera hacia el desvan me doy cuenta de la obsesión de Gaudí por la luz, ya que durante la remodelación ensancha el patio de luces y lo recubre de azulejos de color azul, no sólo para representar el agua, sino que además estos son de diferentes tonos de azul, más intensos en la parte superior y claros en la parte inferior para una distribución uniforme de la luz. De la misma forma, las ventanas son más pequeñas allí dónde más luz natural llega, mientras que en las plantas inferiores se hacen más grandes. El patio de luces lo corona una claraboya de cristal y hierro que permite que entre la luz constantemente.

Casa Batlló Gaudí Barcelona

Hay que mirar arriba para ver el contraste de colores

Antes de llegar a la azotea, hay que pasar por el desván, una estructura diáfana de arcos, ¿puede ser la estructura de costillas y esternón de algún animal? Desde aquí se accede al balcón de la princesa, el balcón más elevado de la fachada, dónde está prohibido hacer fotos (¡y por supuesto los palos de selfie) dado su pequeño tamaño, y por eso hay la cámara del turista, que permite hacerse una foto de recuerdo. ¡Cómo si estuvieras en el Dragón Khan pero sin esa cara de miedo! Las vistas desde aquí son espectaculares porque tienes el trencadís de la fachada al alcance de la mano.

¡Pero lo más fantástico de este edificio (si es que todavía se puede mejorar) nos espera un poco más arriba, en el tejado! Y es que es aquí dónde está el dragón dormido que custodia la casa, junto con la cruz de 4 brazos que simboliza los puntos cardinales y las chimeneas gaudinianas, curvadas y esmaltadas, pero con la funcionalidad de evitar que el aire resople hacia adentro.

Quizás ayudó el echo de estar prácticamente sola en la terraza, o mi amor por las alturas, pero esta parte del edificio tiene una parte mágica, que ensalza todavía más al genio modernista.

Llega el momento de dejar paso a los turistas que esperan impacientes la apertura de puertas y bajar una vez más por la escalera azul. Sin duda es una visita que vale mucho la pena realizar, y yo agradezco muchísimo a Casa Batlló haberme dado esta oportunidad. Te recomiendo que vayas cuanto más pronto mejor, para evitar aglomeraciones. Por si no te han dado suficientes ganas con las fotos, te dejo el vídeo de la experiencia.

DATOS PRÁCTICOS

 Horarios

Con la intención de evitar aglomeraciones, la Casa Batlló abre los 365 días del año, de 9 a 21 horas, siendo las 20 la última entrada, para poder garantizar así que se dispone del tiempo suficiente para difrutar de esta gran obra arquitectónica.

Durante verano llevan a cabo las Noches Mágicas, una combinación de arte, música y copas en lo más alto, a partir de las 21h.

Entradas

Si bien puede parecer un poco caro, hay que decir que se autofinancia a través de las entradas, y que ese dinero sirve para la conservación (y restauración del edificio) dentro de la lista del Patrimonio Mundial, ¡por lo que ráscate un poco el bolsillo y ves a visitarla! Además, si eres residente en la provincia de Barcelona, tengo buenas noticias: tienes descuento de 7,5€ enseñando tu dni.

Adultos 22,5€

Juniors (7-18años) 19.5€

Estudiantes (con carné) 19.5€

Seniors (+65años) 19.5

Residentes provincia de Barcelona 15€

Niños (<7 años) gratis

Discapacitados intel·lectuales (con carné) 19.5€

 En el precio de la entrada va incluida una videoguía de realidad aumentada, que al moverla en la sala dónde te encuentras anima los diversos elementos del mobiliario y estructura, tal y como los diseñó Gaudí.

casa batlló Barcelona

La videoguía da vida a los elementos de la Casa Batlló

Sobre El Autor

Infectada del virus viajero sin ganas de curarse. Fotógrafa que prefiere viajar sin equipaje. Sinceridad ante todo, escribo sobre experiencias vividas. ¿Te animas a seguirme en mis viajes?

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