¿Cuántas veces las expectativas te han arruinado un viaje? Durante la preparación del viaje a Myanmar, mi primer gran viaje en muchos sentidos (el primero con mi padre y la primera vez como mochilera en Asia), devoré las experiencias que habían vivido aquellos que visitaban el país. No podía evitar leerlas con cierta envidia, deseando encontrarme con una de ellas durante el viaje. Hablaban de honestidad, de compartir, de sonrisas. Hablaban también de acogida, de invitaciones a fiestas de desconocidos, de cenas en el suelo pero con mucho calor humano. ¿Quizás fuera ese el motivo que hizo decantarme por Myanmar? Seguramente sí, yo también quería vivir eso.

¿Qué buscamos cuando viajamos?

Debe formar parte de nuestro egoísmo viajero occidental intrínseco, alimentado por imágenes bonitas con frases motivadoras y vacías, como el yo no soy turista,soy viajero”, el famoso “la vida se mide por las experiencias,no las cosas” y otros mottos similares con los que hemos crecido los milennials y que llenan las redes sociales, fomentando una competición por ser el que viaja más, más lejos y de forma más auténtica que los demás.

¿Tan malo es ser turista? — Imagen de Lovely Streets

 

Queremos salirnos de ruta para no seguir los circuitos, pero en el fondo es nuestro ego el que busca tener algo que contar ala vuelta, de forma que se justifique en cierta medida eso de “viajar es lo único que puedes comprar que te hace más rico” que hoy en día parece haberse convertido en la panacea, escrito en diferentes tipografías molonas y sobre fondos viajeros y que está presente hasta en la sopa.

Que no falten las tipografías molonas ni el mapa, no sea que perdamos el mensaje

Viajes subjetivos

Si hay una cosa cierta es que no hay viajes mejores que otros ni tampoco dos viajes iguales, pues todo depende del tiempo que te haga, la gente con quién te cruces y de las (malditas) experiencias. Ir en un crucero con pensión completa y sin tenerse que preocupar de nada puede ser un sueño para muchos, mientras que unas islas paradisiacas pueden ser una pesadilla para otros o viceversa. ¿Y quién somos los demás para juzgar o decidir sobre ello? Somos expertos en dar consejos sobre lugares dónde hemos estado (aún no sé si por voluntad de ayudar de corazón o fardar de nuestros viajes), cuándo un amigo o conocido nos dice que va a X destino enseguida tenemos en la punta de la lengua el “no te puedes perder…”. ¿Hemos pensado si aquello que a nosotros nos encantó va a tener el mismo impacto en ellos? Tiene ironía que lo diga quién regenta esta consulta… pero el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Deja que las experiencias te encuentren

El caso es que aterricé en 2014 Myanmar con muchas expectativas e incluso una presión por encontrar ese algo que contar en la vuelta a casa, aquello que diferenciase nuestro viaje, que sin saberlo ya era diferente, pues era único e irrepetible entre mi padre y yo.

MYanmar white pagoda

En la Hsinbyume Pagoda de Mingun

Cada día escribía una pequeña crónica con todo lo que nos había pasado ese día (con pelos y señales, todavía me sorprende que alguien se las leyera), en parte para mantener informada a la familia, en parte para no olvidar pequeños detalles que sabía que el futuro se encargaría de diluir. Y esos textos, aún hoy en día consiguen sacarme una sonrisa. El caso es que la mayoría de días, pese a haber vivido cosas maravillosas y alejadas de mi rutina, tenía la sensación al terminar de escribir de que no había “pasado nada”. Nada como lo que yo había leído anteriormente, nada que mereciese tan alta distinción. Y eso me frustraba, me hacía preguntarme por qué nosotros no habíamos sido invitados aún a ninguna celebración tradicional. Cuando eso llegó (porque sí, llegó), me pareció lo más fantástico del viaje, tanto como para titularlo “Las experiencias te encuentran”, porque fue cuando dejé de buscar y me resigné, que sucedió, porque seguramente me abrí para recibir aquello que el destino tenía preparado para nosotros.

No hay duda que éste es uno de los viajes que recuerdo con más cariño, pero ahora mirando atrás y con perspectiva, me doy cuenta que ese momento que tanto me impactó no es lo primero que cuento y que durante todo el viaje hubo sucesos que dejaron huella, antes y después, pero que en su momento no supe apreciar al 100%. La búsqueda de aquello que habían vivido otros bloqueaba el poder de la sorpresa. Por suerte el (temido) paso del tiempo me ha sacado todo lo bonito que fue ese viaje.

Regalos de Myanmar

Dicen que cuando crees en algo con todas tus fuerzas, el universo se conjura para que lo consigas. No sé si es verdad o solo otra trillada frase de autoayuda barata. El caso es que Myanmar nos regaló mucho, aunque no lo supiera ver. Fue un viaje personal y de unión entre dos personas que pese a llevar 26 años bajo el mismo techo y tener buena relación, todavía tenían mucho por aprender el uno del otro. Fue toda una terapia al dolor que habíamos vivido juntos y que nos había hecho más fuertes, y sin duda una cura de humildad, una apertura a entender una realidad diferente y una esperanza de ver que todavía hay gente buena en el mundo (aunque suene a tópico).Y para muestra, algunos de los momentos más bonitos (y sorprendentes) de todo el viaje, tal y como los recogí en mi cuaderno en ese momento.

Un banquete y un cambio de planes inesperado

Nuestro primer día completo en Mandalay estaba reservado para visitar las ciudades imperiales de Sagaing y Mingún. Pregunté a diferentes conductores por cuánto nos saldría el día entero y todos me daban precios demasiado altos. Visto el panorama, acepté (un poco a regañadientes) la oferta de Pauk, que nos llevaría todo el día en su pickup por 30000 kyats (unos 22€ en ese momento) y nos esperaría mientras hacíamos las visitas de rigor.

Tras visitar la Soon U Ponya Shin Paya, una colorida pagoda en lo alto de la montaña, intenté negociar con Pauk que nos llevase a la Colina de Mandalay para ver el atardecer, pero eran 10000kyats más o subir 45min a pie, algo que no creí que mi padre aguante. A medio camino le dije que queríamos comer algo y se metió por una carretera polvorienta. ʺA ver dónde nos lleva, al huerto seguroʺ Detuvo la camioneta en una calle dónde sólo había vendedores de sandías (¡¡y qué sandías!!) y nos indicó que le siguieramos al interior de un local.

myanmar taxi driver

la camioneta que nos llevó durante todo el día

myanmar watermelon

Sandías en un campo de Myanmar

Nos buscó la mejor mesa bajo los ventiladores y nos dijo que 2000kyats/pax, very good food. Empezaron a salir camareros con bandejas llenas de platitos hasta conseguir que no quedase un sólo hueco en la enorme mesa redonda. Flipabamos con la cantidad de comida y le volvía preguntar, desconfiada de mí, si seguro que serían 4000 (teniendo en cuenta que fue lo que pagamos para cenar la noche anterior y nos pareció barato). En la mesa había de todo: pollo, pescado, cerdo, lentejas MUY picantes… En total contamos unos 20platos, más los plátanos de postre y un pequeño tupper con azucar birmano prensado. No podíamos con todo, ¡y le pregunté si de verdad se lo comen todo! Llegó la hora de pagar: efectivamente, 4000kyats, ni uno más. Quizás no salga en ninguna guía, pero dudo que hubiésemos podido encontrar un sitio con mejor relación calidad-precio y más tradicional.

myanmar food

¡No sabe qué coger!

myanmar food

Creo que ya no cabían más platos en la mesa

Para acabar, nos llevó a la Mahamuni Paya, dónde está el buda más venerado de Myanmar, que pillaba de camino de vuelta al hotel. Rodeamos el lago Kandawgyi, lleno de restaurantes pijos con vistas al agua. Por el camino paramos en una calle llena de gente, hay algún espectaculo. No nos lo podíamos creer: ¡¡era una versión birmana de los castellers!! En lo alto de un palo cuelgan unos sobres y tienen que subir formando una torre para alcanzarlos. Estaba lleno de locales, entusiasmados con los chicos que subían por la cucaña. Y nosotros somos los únicos turistas, cámara en mano, disfrutando de igual forma cada uno de los logros! Quizás fuera el destino, habíamos cambiado ver atardecer en la Colina de Mandalay, 100% turístico, por fiesta local tan parecida a las nuestras. ¡Me quedo con lo segundo sin dudarlo ni un momento!

myanmar traditions

Entretenimiento popular

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Falta que hagan piña

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Unos encima de otros para llegar a la cima

myanmar traditions

Todo el público expectante

Siesta en una pagoda en Bagán

Hay que visitar los templos de Bagán en bicicleta, parece que sea una obligación y la mejor forma de recorrer todo el parque. Pero ya comprobamos el primer día que no es una actividad recomendable para mi padre, así que el segundo día nos lo tomaríamos con más calma y nos moveríamos como los turistas de más nivel, en carreta de caballos.

sunrise hot air balloon Bagan

Globos sobrevolando los templos de Myanmar al amanecer

Tras el american breakfast (ya había perdido la cuenta de cuántos huevos hemos comido desde que llevamos aquí) nos acercamos al mercado local por recomendación de una pareja de españoles que llevaban un año viajando, ahi es nada. La entrada al mercado no pudo ser más impresionante: ni un solo turista y todo de puestos de carne y pescado, llenos de moscas y de gente comprando. Como digo yo, no apto para estómagos sensibles. Al pasar por ahi, ambos nos planteamos el veganismo como opción. Pasamos también por los puestos de verdura, dónde ya llevaban a los turistas con el tour, no fuera que la visión de la carne fuera demasiado para ellos. Una mujer se acercó para pintarme la cara con Tanaka. Salimos del mercado para negociar un coche de caballos. De 30000 iniciales llegamos a pactar 18000kyats para todo el día, puesta de sol incluida.

mercado inle lake myanmar

¿Quién quiere un poquito de carne?

mercado inle lake myanmar

Mercado de verduras

Sobre el mapa de Bagan (1000kyats en el templo, 700kyats en el centro del pueblo) había marcado los templos, mezcla de las recomendaciones de las guías y de los blogs que había leído. El chófer me preguntó si teníamos el ticket de 15$, le dije que no queríamos pagar al gobierno del dictador y se rió, me dijo que entonces no iríamos a tres templos porque seguramente nos lo pedirían, pero que nos llevaría a otro. En total hicimos unos 14 templos de los 2000 que hay en la zona arqueológica. Los fui marcando sobre el mapa con números, porque acordarse de los nombres es imposible, así que desde casa y con las fotos delante ya actualizaría el listado de templos visitados. Algo que nunca llegué a hacer,todo sea dicho. En los primeros templos que visitamos llevaba la pesada mochila de la cámara conmigo, desoyendo la recomendación de nuestro chófer. Hasta que me cansé de cargar, le hice caso y la dejé (no sin cierta reticencia al principio, pues en esa mochila bien podía haber 2000€ en material). ¡Y al volver allí estaba, junto con nuestro sonriente chófer, que bien podía haberse ido o meterle mano! Una magnífica muestra de la honestidad birmana, pues por desgracia eso es impensable en cualquier otra parte del mundo.

Nos impresionó muchisimo uno de los ʺ templos no principalesʺ dónde había una buda recostado en una sala en la que apenas cabiamos nosotros.

buda recostado Bagan

Uno de los grandes budas recostados de Myanmar

Le pedí que nos llevara a comer a sitio local, pues en Bagan muchos sitios tienen carteles de italian, chinese, european food, y para comer eso me quedo en casa. Paró cerca de Ananda Phato, en uno de esos locales al aire libre con taburetes de plástico, tan típicos del país. Otra vez empezaron a sacar platos y platos de comida, desconocidos y picantes. Y esta vez por 2000kyats los dos (¡la mitad del primer banquete de los platillos!).

restaurante típico Myanmar

¡Qué no falte el wifi!

Coincidiendo con la hora de más calor, nos propuso to rest un rato, es decir, que nos echásemos una siesta. Mi yo desconfiado pensaba que lo hacía para ahorrarse dar vuelta y llevarnos a más templos, pero tenía dos opciones: enfadarme y hacerle entender que quería ir a los templos o ceder ante su propuesta presentada en sonrisa llena bétel. Mi padre siempre me ha dicho que por las malas nunca se consiguen las cosas, así que me resigné a perder el tiempo echándonos una siesta. Nos montamos en el carro y nos llevó por los caminos polvorientos hasta una tranquila zona monástica, desmonto la colchoneta de la calesa y nos la pusó en la zona más fresquita. ¡Menuda siesta nos pegamos! Por supuesto, él seguía allí cuando salimos,junto con mi mochila. Antes de irnos subí por unas empinadas escaleras interiores a la terraza. ¡¡Estar sola en uno de los templos de Bagan no tiene precio!!

autofoto bagan myanmar

Cuando no hay nadie en los templos, toca hacerse autofotos

Invitados de honor

Era nuestro último día en el Lago Inle, por lo que habíamos decidido tomárnoslo con muuuuucha calma, alquilar un par de bicicletas por 2000kyats (1,5€!) todo el día y dedicarnos a recorrer el pueblo de Nyaungshwe, dónde hemos estado los últimos tres días. Realmente el punto más lejano está a 2km, pero al pedalear a papá le dolía menos el pie y para qué negarlo, llegamos antes. La primera parada es la Yadana Man Aung Paya, una pagoda situada a escasas tres calles de nuestro hotel, que según la Lonely es el santuario budista más antiguo e importante de la ciudad. En el interior, un buda enorme Myanmar Style, es decir, ornamentado con leds de colores. Ahora empieza el turno de los monasterios. El primero es Shwe Gu Kyaung, con un enorme salón… Vacio. Por la hora que eran, casi las 10, debía estar en plena actividad. Media calle más arriba se encuentra el Hlaing Gu Kyaung. Desde la calle se oyen oraciones. Nos descalzamos, subimos las escaleras y vemos que dentro está todo lleno, hombres a la izquierda y mujeres a la derecha, que escuchan y repiten las oraciones de un monje mayor. ¿ De qué se tratará? Podría ser una ʺmisaʺ normal, pero veo que la están grabando en vídeo y corre por ahi un fotógrafo, por lo que tiene que ser algo grande. ¿Una boda quizás? Pregunto a una oriental que está cámara en mano y me explica que se trata de la ceremonia de iniciación de dos niños a monjes, y que les han afeitado la cabeza pero ya se ha acabado.

ceremonia Myanmar

Todo el mundo en silencio en la ceremonia

ceremonia Myanmar

Los padres están orgullosos de sus hijos

¡Y una leche! Una mujer empieza a tirar algo parecido a pétalos y se apresuran a mover todas las mesitas llenas de comida y repartirlas por todo el salón una vez el monje ha finalizado su discurso. Entonces empiezan a entrar todo de monjes jóvenes, que van ocupando su lugar en las mesas. Toda la comunidad está fuera del monasterio, formando fila y esperando para entrar.

ceremonia Myanmar

Monjes en fila para entrar al monasterio

El chico con el que estaba hablando la coreana me explica que es un día muy importante para la família de los chicos y que después de los monjes, todo el mundo podrá comer. ¡Estamos impresionados y muy ilusionados con la ceremonia! ¡Por fin llegó lo que había estado buscando! Las mujeres locales me invitan a sentarme con ellas y me sonríen (a día de hoy la comunicación más eficaz cuando hay barreras idiomáticas). Y efectivamente, una vez los monjes han acabado con sus platos, nos invitan a sentarnos con ellos en las mesas diminutas y nos sirven arroz, cerdo y pollo como si fueramos uno más.

ceremonia Myanmar

Celebración familiar

ceremonia Myanmar

Las famílias no dudaron en compartir con nosotros

ceremonia Myanmar

¡Somos uno más en la mesa!

ceremonia Myanmar

Las familias comen con los futuros monjes

Nos explican que esta es la segunda parte de una ceremonia, la primera parte de la cual vimos en Bagan con los niños vestidos de Buda. Así que por casualidad hemos podido asistir a una de las ceremonias más importantes para las familias birmanas. ¡No hay guía ni viaje organizado que pueda pagar eso!

Ceremonia de monjas en Shewdagon Pagoda

Uno de los imperdibles de Yangon (y de todo el país) es la Shwedagon Paya.
Como es uno de los grandes, el gobierno no duda en cobrar 8$ de entrada. En varios blogs había leído que los controles sólo estaban en los accesos norte y este. Seamos sinceros, no nos apetecía pagar un dinero a sabiendas que irá a parar a un gobierno que destina el 25% de su presupuesto a armamento. El taxista nos dejó en la entrada sur, nos descalzamos e iniciamos la subida por la galería cubierta. A pocos metros había un escaner como los de los aeropuertos. “Mierda, ya no nos escaqueamos” pero pasamos la mochila, no nos dijeron nada y seguimos adelante. Justo antes de llegar a la plataforma giramos a la izquierda por un pasillo que va a dar al mismo lugar. ¡¡Ya estabamos dentro, y sin beneficiar al gobierno!!

Estábamos avisados, es posible toparse con ceremonias religiosas. ¡¡Y nosotros no vimos una sino dos! La primera, otra de iniciación a monjes, la segunda y más espectacular, un séquito de niñas que iban a ser monjas. Dieron toda la vuelta a la gran estupa central, acompañadas por familiares y otras monjas de la comunidad. Iban vestidas de forma muy llamativa, lo que hizo que fueran el centro de todas las cámaras durante mucho rato.

Shwedagon Paya cerimony Myanmar

Ceremonía tradicional birmana

Shwedagon Paya cerimony Myanmar

¿Verdad que estaban preciosas estas niñas?

Shwedagon Paya cerimony Myanmar

Las pequeñas monjas desfilando por la Shwedagon Paya

Shwedagon Paya cerimony Myanmar

Aquí se mezclan turistas y tradición

¿Como es posible, que depués de todo esto, volviera a casa pensando que solo había vivido una experiencia? Por el camino y sin escribir se han quedado miles de pequeñas anécdotas que también forman parte de nuestro viaje, como el niño del tren de Gokteik y tantas otras. Eso nos confirma que no debemos obsesionarnos en repetir el viaje que otros han hecho sino en disfrutar con todos los sentidos de nuestro viaje, porque seguro que tiene algo preparado para nosotros.

pencilCódigo ético: libre. El post que acabas de leer se trata de un post escrito en base a nuestra experiencia, porque nos gusta contarte aquello que hemos vivido durante el viaje y queremos que la información pueda serte útil en la planificación de los tuyos, igual que tantos otros bloggers nos han ayudado a nosotros. Algunos enlaces pueden ser de afiliación, por los que nos llevamos una pequeña comisión pero no supone ningún coste adicional para ti

 

 

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Sobre El Autor

Infectada del virus viajero sin ganas de curarse. Fotógrafa que prefiere viajar sin equipaje. Sinceridad ante todo, escribo sobre experiencias vividas. ¿Te animas a seguirme en mis viajes?

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