La ciudad de Battambang es la segunda ciudad en tamaño después de Phom Penm y sin duda ha visto tiempos mejores, testigo de los cuales son los coloridos (y destartalados) edificios coloniales franceses que todavía se mantienen en pie. Aunque construidos siguiendo la estética francesa, en su interior se diseñaron pensando en la comunidad china, los grandes inversores en la región. Los chinos camboyanos son hoy en día la mayoría de la población de Battambang y eso se nota en los negocios y restaurantes.

La mayoría de los que llegan a Battambang lo hacen con la intención de proseguir su viaje por el este de Camboya hacia Bangkok o simplemente después de un día de travesía fluvial como nosotros. Al contrario que Siem Reap, dónde cuando cae la noche se encienden todos los mercados y restaurantes, Battambang es una ciudad bastante muerta una vez se pone el sol.

El tren de bambú de Battambang

Sin duda una de las atracciones del lugar es su tren de bambú. Muy probablemente no te suene qué es, y desde luego no te lo puedes ni imaginar. Durante la ocupación francesa, se construyo una vía ferrea que cayó en desuso en el sangriento régimen militar de los Khemeres Rojos. Su funcionamiento era muy rudimentario: unas ruedas, una tabla de bambú y un motor eran suficientes para transladar mercancías campo a través.
Y esa misma fórmula es la que se sigue utilizando actualmente para transportar turistas (otra forma de mercancías) durante los casi 4km de recorrido que se mantiene operativo, a una velocidad de 50km/h (nada desdeñable, teniendo en cuenta que es un motor de cortacésped).
Llegas a la antigua estación, dónde el oficial te informa de que el recorrido serán 20 minutos de ida, otros tanto de vuelta, con una parada en el medio y su coste, 5$ por persona. En la estación hay 10 plataformas esperando turistas, cada una con su conductor y unas pequeñas alfombras dónde sentarse. En la nuestra se sube también un campesino, que obviamente no ha pagado billete, ya que se lo costeamos los turistas.

Una vez sentados y con las cámaras listas, nuestra conductora arranca el pequeño motor como si de un cortacésped se tratara y el “tren” empieza a moverse, hasta alcanzar velocidad de crucero de Xkm/h. Ni que decir tiene que las medidas de seguridad son inexistentes: sientes todo el viento en la cara y la vagoneta (y sus excitados ocupantes) saltan cada vez que hay un nuevo tramo de vía. Si miras adelante, ves que los tramos no están perfectamente alineados pero eso no parece importarle a nadie, pues vamos devorando metros entre bote y bote. ¡Incluso pasa por algunos pequeños puentes, momento en el que más de uno habrá intentado recordar el padrenuestro!

bamboo train battambang

¡A toda vela!

El tren finaliza su recorrido en una pequeña aldea, que obviamente vive del turismo que les llega. Aprovechando el parón de 20 minutos, nada más llegar te asaltan niñas vendiendo imanes, postales, señores desde los bares para que tomes “cold water or coke”. En el pueblo no hay nada que ver, salvo una antigua fábrica de ladrillos (oh, visita imprescindible!!!) así que no te queda otra que esperar para volver al punto de inicio.

Por suerte empiezan a llegar más vagonetas que se llevan la atención de los vendedores y observas el procedimiento de reordenación de cada vagoneta para poder salir, según han ido llegando. Dado que la vía es única, tienen que girar uno a uno cada vagón. Para hacerlo, levantan la tabla, giran los ejes de las ruedas y vuelven a poner el tablón de bambú, esta vez con el motor en el lado opuesto.

La cantinela de “sir look, buy a tshirt” no deja de sonar y por suerte nos hacen la señal para que “embarquemos” de nuevo. No falta la petición de uno de los vendedores de que demos propina al empleado, eso sí, sin que nos vea el jefe de estación.

Nos volvemos a sentar y arrancamos tras varios intentos. Durante el camino de vuelta somos objeto de algunos objetivos, ya que los vagones que vienen en sentido contrario han tenido que parar antes, desmontarlo y dejarlo a un lado de la via, para que nosotros podamos pasar. Paramos, se ayudan a montarlo otra vez y seguimos nuestro avance hasta la estación final.

En total se tarda una hora aproximadamente en hacer todo el recorrido, ida vuelta y paripé en los puestecillos que esperan con ansías a los turistas que llegan, como nosotros, atraídos por el tren de bambú, que pese a su mecanismo simple, todavía sigue siendo útil, aunque su finalidad haya cambiado desde que se construyó.

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La estación de Battambang, dónde no falta el oficial corrupto

¿Te animas a probarlo? Te invito a ver nuestro vídeo, si Camboya no está en tus próximos planes de viaje 😉

Dicen que este tren es único en el mundo y desde luego probarlo es una experiencia bien divertida y barata, y si viajáis con crios, seguro que se lo pasan pipa.

INFO ÚTIL
Coste: 5$/pax
Cómo llegar: lo mejor es contratar a un tuktuk y aprovechar la excursión por los alrededores de Battambang para acercarse al tren. El rango de precios por una mañana de excursión es de 12-20$, aunque siempre depende de lo que queráis visitar y de tus habilidades negociando (si llevas unos días en Asia, te aseguro que habrán mejorado bastante)

Sobre El Autor

Infectada del virus viajero sin ganas de curarse. Fotógrafa que prefiere viajar sin equipaje. Sinceridad ante todo, escribo sobre experiencias vividas. ¿Te animas a seguirme en mis viajes?

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