Lo mejor de la ruta 66

11 Jul 2019 | Estados Unidos

Lo mejor de la ruta 66

Lo mejor de la ruta 66

Quizás no fuimos justos al decir que la Ruta 66 no vale la pena, porque con el paso de los días sí que encontramos algunos puntos con encanto. Como siempre, las mejores cosas de los viajes no suelen aparecer en los mapas, sino que son las experiencias y las personas que nos encontramos durante la ruta y que la viven con pasión.Uno de las mejores píldoras que podemos tomarnos durante nuestros viajes es hablar con la gente local, para de esta forma conocer otros puntos de vista y poder afrontar o entender las diferencias culturales que pueda haber entre nosotros.

La gente de la ruta 66

Nada más llegar a Albuquerque procedentes de Monument Valley me «autoimpuse» deberes: un pequeño proyecto fotográfico para retratar a la gente que me iba cruzando por el camino en su contexto diario. En ese momento tienes dos opciones: robar fotos o pedirlas, con buenas palabras y una sonrisa. Y yo quería volver a casa con retratos, porque requieren un vínculo más cercano. 

Mi naturaleza curiosa hace que me sea bastante fácil entablar conversación con desconocidos, sobretodo cuándo tienen historias interesantes que contar, y tras un poco de charla, te conceden la foto encantados para mi particular wall of fame

Es en estos momentos en los que agradezco a mis padres que se mantuviesen firmes e impasibles cuando yo quería dejar la academia de inglés «porque los otros niños ya no van». Algún día te darás cuenta que vale la pena, ya verás. Gracias a eso he podido compartir historias y risas con gente de todo el mundo como sí estuviera en casa y disfrutar muchísimo más de las pequeñas cosas del viaje. 

Este post va por todas las personas anónimas pero a la vez íconos de la Ruta que forman tanta parte de su historia como las gasolineras vintage o los escudos en el suelo. Ellas hicieron que tuviera ganas de parar en los pueblos, y en algunos casos, alargar la parada mucho más de lo que estaba inicialmente previsto. 

Nos encontramos con gente amable, que sorprendía, a la vez que alegraba, de que hiciéramos tantos km desde nuestra casa para visitar la suya. Gente que hablaba con pasión de la ruta y te contagiaba tanto esa alegría que a la pregunta desinteresada de «qué te está pareciendo la ruta?» no podías contestarle otra cosa que «me encanta», porque en ese momento así lo sentía. ¿Es feo mentir? Sí y no. Es como cuándo no tienes ni idea de fútbol y te encuentras con un apasionado de cualquier equipo. Solo puedes contagiarte de su euforia. Además, cuando te cuentan las cosas con pasión, no puedes pretender imponer tu visión negativa del lugar o momento.

¿Quién eres tú para decirle a esa persona que su pueblo es peor que el lugar de dónde vienes?

Enchanted Trails RV Park, Nuevo México

Hablé con ella 2 veces al teléfono mientras dejábamos atrás Monument Valley, para asegurarme que habría sitio en el rv Park a las afueras de Albuquerque, nuestro punto de enlace con la ruta 66. Me informó que cerraban a las 6 y que dejaría toda la información en un sobre, que podíamos pagar por la mañana. Y así fue. Me acerqué pronto a la recepción del camping y allí estaba ella, sonriente mientras el teléfono no dejaba de sonar (¡y eso que era primera hora!). No podía haber pedido alguién más auténtico para el primer retrato de la ruta: camiseta con la bandera de Estados Unidos, los brazos llenos de tatuajes y un estilo rockabily. Pese a que el teléfono seguía sonando incesantemente, no dudó en ponerse delante de la cámara en el que es su espacio de trabajo, la recepción del enchanted rv park, llena de souvenirs y placas que claramente indican que la ruta 66 pasa por allí.

enchanted rv park ruta 66
La recepcionista del enchanted rv park

U Drop Inn, Texas

Quizás uno de los lugares más icónicos de la ruta 66. Un ejemplo inusual de arquitectura art deco aplicada a una estación de servicio y un restaurante: masas curvilíneas, paredes de azulejos de cerámica vidriada y detalles de luz de neón. Fuera, bancos con el emblema de la ruta, unas bombas vintage de gasolina y unos cargadores de Tesla con mucho juego fotográfico. Pero lo interesante estaba dentro. No es la primera vez que en un lugar turístico de Estados Unidos encontramos a una persona jubilada al cargo. Una bonita forma de que las personas mayores se sientan útiles una vez acaba su vida laboral. Abrí la puerta y allí estaban ambas, como las chicas de oro, sentadas tras el mostrador, esperando que algún turista despistado entrase en la tienda para hablarle de las maravillas del lugar. Pero no tuve la sensación de estar en un bazar dónde te cuentan milongas, las señoras realmente se alegraban que alguien de Barcelona (that’s very far, darling!) hubiera entrado a saludar.

Una con una camiseta de la ruta 66, la otra con una cinta al cuello llena de pins, very American. Me preguntaron qué me había llevado allí y me estuvieron explicando sobre el edificio, con suma pasión. Como nota curiosa, la gasolinera del U-Drop Inn aparece en la película de Cars, por lo que dentro tienen montado un minúsculo museo que hace las delicias de los más pequeños de la casa y la señora me lo estuvo explicando. A ratos hablaban entre ellas como si yo no estuviera y fuera la hora del te, pero ambas aceptaron encantadas mi petición de hacerles una foto delante del poblado mapa de visitantes, esa pequeña parte del mundo (¡pero a la vez tan grande) y que en muchos aspectos está muy lejos de Barcelona.

u drop inn texas route 66
Las guardianas del U drop inn

Sid’s diner, Oklahoma

El motivo por el cuál El Reno estaba dentro de nuestro itinerario eran sus murales y el cartel (puesto a propósito) de la ruta 66 en el que te puedes tener. Poco interés más tiene ese pueblo, aparte de ser el lugar dónde se inventó la hamburguesa de cebolla frita, pues durante la gran depresión la carne era cara y la cebolla barata, así que alguien tuvo la brillante idea de juntar ambas, permitiendo mantener económico el precio de la comida. Esto tuvo éxito y pronto se expandió.

Dicen que el Sid’s diner es el más turístico de los 3 originales que aún quedan en pie, seguramente sea porque está en la calle principal, sin embargo no pudo enamorarnos más al abrir la puerta y asomarnos. Una parroquia de habituales en la barra metálica, un letrero retro iluminado con la carta y un rincón del veterano, decorado con fotos de aquellos que sirvieron a las fuerzas armadas al servicio de la gran América (God bless it). Desconocemos si volvieron o no, y en qué condiciones mentales, pero siempre tendrán un recuerdo y una mesa en este bar.

Debido al sistema de propinas casi obligatorio, el servicio en los restaurantes suele ser muy insistente y pasar a preguntarte cada dos por tres si todo está bien o si quieres que te vuelvan a llenar el vaso, algo que puede hacerse muy pesado. Eso para mí no es un buen servicio, es interés. En cambio Connie tuvo toda la paciencia del mundo mientras mirábamos la carta sin saber qué escoger, y fue super honesta al decirnos que no cogiéramos 2 platos porque las raciones eran grandes, que ella creía que con unas patatas para compartir quedaríamos bien. ¿Sabes cuándo notas que la amabilidad sale de dentro? Pues así se nos ganó.

sid's diner oklahoma united states
La jefa del diner en el Reno

El para nosotros desconocido estado de Missouri fue el que más satisfacción personal nos trajo, dónde conocimos a las personas más peculiares de la ruta 66 y que forjaron los mejores recuerdos del viaje.

Red Oak II, Missouri

En el lugar más artificial de la Ruta 66 nos encontramos con las personas más peculiares de la ruta. El pueblo de Red Oak II se llama así porque se encuentra a unas millas del original. Tras la segunda guerra mundial, el pueblo de Red Oak (I) empezó a quedarse vacío porque la gente empezaba a mudarse a las ciudades. El artista Lowell Davis sintió mucha tristeza al volver en los 70 a su pueblo natal y ver que se había convertido en una ciudad fantasma.

Así que compró terrenos, casas y negocios no solo de su ciudad sino de otros pueblos fantasma y los fue moviendo cuidadosamente a su nuevo emplazamiento, creando un pueblo totalmente recreado. Hoy en día, este pintoresco «pueblo fantasma» incluye una estación Phillips 66, una antigua escuela, una tienda de alimentación, un comedor, un ayuntamiento, una cárcel y varias casas.

Paseando por este pequeño parque temático, cuál fue mi sorpresa al ver que un señor muy mayor me llamaba. Abrí la puerta de su jardín y me acerqué. Ahí estaba Lowell, sentado en una mecedora en el porche de la casa, fumando pipa. Me invitó a sentarme, y al preguntarme de dónde era, me dijo que el había venido mucho a España, concretamente a Mallorca, cuando era capitán de carguero. Estuvimos hablando de España y del pueblo que él había creado con sus manos.

Pude hablar con el creador del pueblo

Seguí andando por el pueblo, con un pequeño sentimiento entre contradicción y admiración, porque es uno de los lugares más bonitos de la ruta 66 pero a la vez es totalmente artificial. Y en la esquina me encontré con un señor que tenía un avión de guerra en su jardín, como quién tiene un cuadro en su salón. Se lo había construido él y me estuvo contando qué los rotores del motor eran especiales. ¿Sabéis por qué?

Uno de los habitantes de Red Oak II

Gary’s Gay Parita Station, Missouri

Tras salir de el pueblo más bonito de la Ruta 66 (aunque sea re-hecho), llegamos a la mítica Gary’s Gay Parita Station, sin duda la mejor parada de toda la ruta 66. Ya nos habían avisado, que fuésemos con tiempo, porque si teníamos la suerte de encontrar a George, podríamos tirarnos horas. Y así fue. Lo que a primera vista no parecía más que otra gasolinera con chatarra acumulada, se convirtió en una lección de historia americana y una entretenida tarde de miércoles, que sabía a domingo. George es el yerno del mítico Gary, un visionario que empezó a recolectar cosas pensando en que algún día tendrían valor. Y acertó. Gary decía que:

Este camino fue hecho por emprendedores, para emprendedores. Tienes una pasión por algo, sales y lo haces, pero debes amarlo más que cualquier otra cosa.

Gary fue el alma de este lugar, pero su yerno George es un muy digno sucesor. Nos recibe con una sonrisa que se convierte en un abrazo, mientras nos va explicando el pequeño imperio que su suegro construyó. Él mantiene viva la teoría de Gary sobre cómo funcionaba la Ruta 66, dónde todos en la ruta cuidan del resto. «Si tratas a la gente bien y yo me entero de ello, mandaré más gente a tu negocio».

La Gary’s Gay Parita es una delicia fotográfica, y aunque tiene una tienda de souvenirs, la intención principal de George no es venderte nada, sino que te lleves un buen recuerdo, de esos que no se pueden comprar. Y eso lo consigue con largas charlas en la mesa del patio trasero, mientras te invita a una bebida fría o a un polín flash, de esos que no tomabámos desde que éramos niños. Sin duda la mejor parada de toda la ruta 66.

george gary's gay parita station
George en su garaje
Gracias George por hacernos sentir el espíritu de la Ruta

Pheasant Acres RV park, Missouri

El rato que estuvimos con George nos descompensó el itinerario que teníamos marcado (¡benditas imprevisiones!) , y eso hizo que tuviéramos que hacer noche bastante antes de Sant Louis, puesto que queríamos ver los murales de Cuba de día.

Gracias a llevar la tarjeta SIM de Holafly con llamadas ilimitadas íbamos llamando a los campings en ruta, para saber precios y si tenían disponibilidad para esa noche. Y así es como dimos con el Pheasant Acres RV park, situado en el parque de los Ozarks, y con Sherry, su dueña.

Sherry nos estaba esperando a las 21 en el camping, rodeado de árboles y en plena naturaleza, algo que echábamos de menos desde que salimos de Yosemite.

75 años y cada domingo sale a pasear con su Cadillac del 57. Una vitalidad que ya quisieramos nosotros, con 40 años menos. Nos recibió con tanto entusiasmo y ganas de hablar que a nosotros se nos olvidó un poco el cansancio que llevábamos tras 533km y 9 horas en la carretera.

Preguntó de dónde somos, y nos explicó, ilusionada, historias de otros viajeros de Suiza y Francia que han pasado por el camping. Sin duda un lugar dónde quedarse más días, y por supuesto, es imprescindible compartir un rato con ella. Nos hicimos una foto todos dentro de nuestra furgo, y luego nos invitó a pasar al garaje dónde guarda la joya de la corona: el cadillac. Nos montamos todos en él y con una escalera sacamos la foto de grupo. Mientras cenabamos, nos trajo un emotivo regalo: había impreso la foto que nos habíamos hecho todos juntos y había puesto nuestros nombres. ¡Menudo souvenir nos llevamos!

pheasant acres RV park
Sherry en la recepción del camping

Cuba, Missouri

Ojo, no se trata de la Habana mi amol, sinó de la ciudad de los murales, que se incorporaron en 2001 a la ciudad para atraer a los viajeros que hacían la ruta 66.

Llegamos pronto y con ganas de hacer el recorrido por los murales de Cuba, pero justo tras aparcar entramos en una panadería tradicional. Y mientras decidiamos qué desayunar, nuestras pintas de guiris llamaron la atención de una de las clientas, que se acercó a preguntarnos si nos podía ayudar. Cuándo le contamos que habíamos llegado a Cuba para ver los murales, se le iluminó la cara y nos dijo que esperásemos un momento, que iba al coche a buscar un mapa. Volvió con el mapa de los murales en la mano (no os creáis que Cuba es muy grande), y abrió el folleto para explicarnoslo, ¡le hacía ilusión que estuvieramos en su ciudad!

Antes de ir a ver los murales, le pedí expliqué este pequeño proyecto y le pedí una foto, a la que accedió encantada. ¡Ella también nos pidió una con su grupo de amigas!

Señora super amable en Cuba

Aunque posiblemente nunca nos volvamos a encontrar, quisiera darles las gracias a todos y cada uno de ellos por darle sentido a nuestro viaje.

Tras esta receta está

La Doctora Sara

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